Vivimos en la era del clic, donde todo – desde una compra hasta una conversación profesional – ocurre en tiempo real. Lo queremos todo “para ya”. Nos hemos olvidado del valor de la espera. Tenemos muy pocos espacios para parar, descansar (el cuerpo y la mente) y reflexionar con claridad sobre las ideas o las respuestas que queremos dar y transmitir. Esta inmediatez ha invadido también el mundo de la selección de talento, donde muchos procesos se aceleran cada vez más al ritmo de algoritmos, entrevistas exprés o decisiones rápidas. Sin embargo, en el sector legal, esta velocidad choca frontalmente con el talento que se busca: personas que piensan despacio, que analizan con rigor, que entienden que una buena decisión rara vez se toma en caliente.
En este contexto, y como headhunters legales, nos surge una paradoja cada vez más evidente: mientras el mercado exige inmediatez, el talento legal de calidad necesita tiempo. Tiempo para analizar y comprender la cultura del despacho o la empresa, para visualizarse en el rol, para demostrar no solo lo que sabe, sino cómo piensa. Y tiempo, también, para que la firma evalúe más allá del currículum: valores, ética, visión a largo plazo; evitando así el riesgo de hacer un match superficial.
Pero vamos un punto más allá: el verdadero valor de un proceso de selección no está solo en identificar competencias, sino en analizar y descifrar el sistema de pensamiento del candidato. ¿Cómo estructura sus decisiones?, ¿Qué tipo de entornos le permiten crecer?, ¿Qué objetivos personales y profesionales lo mueven?, ¿Qué rol puede adoptar en un equipo?. En el mundo legal, donde cada palabra pesa y cada matiz importa, entender el esquema mental del candidato es tan relevante como su experiencia previa. Porque no se trata solo de cubrir una vacante, sino de anticipar lo máximo que podamos cómo ese profesional va a trabajar, influir y evolucionar dentro del despacho y del equipo en el que se va a integrar.
Por eso, en un entorno donde todo se acelera, apostar por procesos de selección más pausados, más humanos y más estratégicos se está convirtiendo en un verdadero lujo. No se trata de ser lentos, sino de ser intencionados. De entender que, en el mundo legal, contratar bien es más importante que contratar rápido.
Y es lo que desde F&B Consultores Legal hacemos en cada uno de nuestros procesos y que animamos a hacer a todos nuestros competidores: posicionarnos no solo como aceleradores de procesos, sino como guardianes del talento a largo plazo. Aquellos que saben cuándo frenar, cuándo escuchar, y cuándo decirle al cliente: “vale la pena esperar”.
En un mundo que premia la rapidez, destacar es saber cuándo es necesario ir más despacio; porque la velocidad abre puertas, pero la pausa permite ver lo que realmente hay detrás de ellas.
Guiomar Goena Irisarri. Socia de F&B Consultores.